Lo que muchos consideraban una “prueba de fuego”, terminó siendo una consagración absoluta. Esteban Düch se presentó anoche ante un imponente Monstruo de la Quinta Vergara y, lejos de ser devorado, logró lo que pocos consiguen: una conexión inmediata, carcajadas de principio a fin y el reconocimiento unánime del público.
Una rutina cargada de cotidianeidad y astucia
Desde el primer minuto, Düch supo leer la energía de la audiencia. Con una rutina basada en la observación aguda de la vida diaria, los fracasos amorosos y las contradicciones de la vida moderna, el comediante fue ganándose el terreno paso a paso.
-
El inicio: Entró con confianza, rompiendo el hielo con chistes de “auto-bullying” que desarmaron cualquier tensión.
-
El clímax: Su segmento sobre las diferencias generacionales desató las risas más ruidosas de la jornada.
-
El resultado: Un público entregado que no dejó de corear su nombre.
- Uno de los momentos más comentados de la jornada tuvo relación con un símbolo clásico de la cultura chilena: la marraqueta.
El humorista relató una anécdota sobre la compra de ocho marraquetas en una panadería, situación que se transformó en un caos debido a su desconocimiento sobre lo que realmente forma parte de “una marraqueta”. Esa confusión —explicó— lo llevó a recibir una cantidad desorbitante de pan.
Premios y ovación cerrada
La presión de la Quinta Vergara no hizo mella en su desplante. Tras una hora de espectáculo, el veredicto fue claro: Gaviota de Plata y Gaviota de Oro. El humorista, visiblemente emocionado, agradeció el apoyo de la gente y recordó sus inicios en el circuito de stand-up local.
“Estar aquí es un sueño, pero hacer reír a este público es el premio más grande que me llevo a casa”, declaró Düch antes de bajar del escenario bajo una ovación cerrada.
El fracaso de George Harris, sin embargo, tuvo un efecto inesperado: impulsó la viralización del trabajo de Esteban Düch, humorista radicado en Chile desde hace más de una década.






